jueves, 20 de marzo de 2014


INTRODUCCIÓN:
La explotación sexual de las mujeres es un problema de salud pública y de desigualdad de
género, basado en relaciones de dominación y explotación, lo que conlleva una violencia
de género al tener como objeto de intercambio mercantilista la sexualidad y el cuerpo de
las mujeres y estigmatizarlas para casi todas su relaciones sociales y, en definitiva, una
grave vulneración de los derechos humanos.
En el artículo 1 de la Declaración de las Naciones Unidas sobre la Eliminación de la
Violencia contra las Mujeres, en la Conferencia Mundial de los Derechos Humanos
celebrada en Viena en 1993, y en la Conferencia de Pekín, la violencia de género fue
definida como "cualquier acto de violencia basado en el sexo que dé lugar o pueda
dar lugar a un perjuicio o sufrimiento físico, sexual o psicológico de las mujeres,
incluidas las amenazas de tales actos, la coerción o las privaciones arbitrarias de
libertad, ya ocurran en la vida pública o en la privada".
El empezar definiendo el concepto de violencia de género no es casual, se trata de iniciar
y terminar esta intervención con dicho significado puesto que, para Médicos del Mundo, la
prostitución es una manifestación más de la violencia de género, es otra forma de
violencia que se ejecuta principalmente, sobre las mujeres y niñas, con grave riesgo para
su salud y, en consecuencia, para su calidad de vida, minando y conculcando su derechos
por lo que, al ser Médicos del Mundo una organización cuyo objetivo básico es prestar,
garantizar y proteger el derecho a la salud de todas las personas; no podemos, desde una
perspectiva de los derechos humanos y, por tanto, desde la Vocalía que represento, dejar
de sensibilizar a la sociedad y no denunciar  cuando somos testigos de atentados a la
misma.
En consecuencia y, de conformidad con la definición señalada, es violencia de género el
maltrato en la pareja, las agresiones y abusos sexuales, el incesto, la violación, el acoso
sexual en el trabajo, las mutilaciones sexuales, la prostitución, el trafico de niñas y
mujeres, el turismo sexual, las violaciones masivas como arma de guerra, la reclusión en el
mundo doméstico, la imposición de roles y comportamientos y hasta la imposición de una
manera de vestir. Según Belén Nogueiras, en su ponencia "Aspectos psicológicos de la
violencia hacia las mujeres", una manifestación más de la violencia de género es la
violencia sexual, entendida ésta como la imposición de una relación sexual no deseada
libremente, de posturas, gestos, actos o formas de vestir: abuso y violación, insultos y
acusaciones durante las relaciones sexuales;  trato como si la mujer fuera un objeto;
venganza, chantaje y amenazas si no quiere tener relaciones sexuales. Al respecto,
podríamos preguntarnos ¿a qué nos suena todo esto?
La prostitución no es una institución femenina, es controlada por hombres y mantenida
mediante la violencia; si bien a una pequeña escala local puede ser, a veces, un negocio
consensuado sobre el que la mujer ejerce un cierto control, la realidad demuestra que se
trata de un grupo minoritario, de apenas un 5%, donde la mujer tiene libertad de 3
consentimiento; libertad que, a estas alturas debemos entenderla en un concepto
democrático y no hacer manidas, retorcidas  y sesgadas interpretaciones de la misma
porque no se encuentra ninguna de estas condiciones atenuantes en el estado actual y
global de la prostitución, cuyo análisis es imposible sin la intrínseca relación con el tráfico,
la globalización y el tráfico de personas  con fines de explotación sexual. El mercado
mundial del sexo es casi completamente coactivo, mantenido a base de altos niveles de
violencia y basado en la completa subordinación de las mujeres.
Según Joni Seager, en su libro "Atlas del estado de la mujer en el mundo", la mayor parte
del tráfico se ajusta a una de estas cuatro modalidades: según la primera, mujeres que
ejercen la prostitución en su país son intercambiadas a otro país por sus chulos. Según la
segunda, las chicas son vendidas por las familias pobres para la prostitución -en algunos
casos lo saben y en otros se les dice que la chica será empleada doméstica o trabajadora
en una fábrica-; una vez prostituida el escaso valor de la chica para su familia baja incluso
más. Según la tercera, las mujeres son arrastradas al mercado sexual con falsas promesas;
primero son contratadas como camareras o  criadas y luego se le obliga a ejercer la
prostitución. Finalmente y cuarto supuesto, existen evidencias importantes de un
mercado esclavista que empieza con el secuestro de la mujer o la chica en regiones
sumidas en la pobreza.
Estos son los orígenes de una red sexual mundial donde los cuerpos de las mujeres son
simple mercancía y donde el miedo a contraer el sida  alimenta la demanda de chicas cada
vez más jóvenes.  El tráfico internacional de niñas y mujeres continúa, cada vez más, en su
auge prosperando a base de las desigualdades económicas entre los hombres y mujeres a
todos los niveles y entre distintas regiones  a  nivel mundial. Nuevos países y regiones
entran en el comercio sexual conforme se desvanece su riqueza, y donde hay un hombre
pobre, más pobre se encuentra la mujer; de ahí que el tráfico de mujeres se convierta en
un vil negocio rentable y la inmigración, como recurso, resulte un destino para la
esclavitud sexual, sin olvidar los estragos del turismo sexual; escenarios todos ellos que
conducen a uno: la prostitución, donde los actores que mantienen este mercado son los
proxenetas y los clientes, este último invisibilizado alevosamente hasta tiempos recientes,
porque no hay oferta sin demanda y es que  cuando se habla de prostitución conviene
precisar que mujer prostituida, es aquella  que vive en una sociedad prostituyente, es
decir, que posibilita que las mujeres se prostituyan y donde existen hombres que
demandan esta prostitución.
Intentaremos transmitir que la prostitución no es un trabajo, que no hay dignidad en su
ejercicio del que se aprovechan muchas personas, que no son las que la ejercen, a costa
de la salud mental y física (en muchos casos, para poder ejercerla las mujeres se vuelven o
las vuelven drogodependientes), la baja autoestima, la pobreza, las condiciones sociales
del país de origen que constriñen sus vidas, el consentimiento viciado de ellas, tan sólo
por un beneficio económico que es fácil de obtener en un negocio de escasa inversión y
demás circunstancias que conducen a que el 95% de las mujeres que la ejercen lo hagan
sin el sentido de libertad al que debemos aludir siempre y no a la manida libertad alegada
por un sector minoritario que pretende globalizar unos intereses muy personales
perjudicando al inmenso resto; que no se  puede legislar algo perjudicial socialmente y 4
convertirse un Estado en cómplice de dicho perjuicio social por un grupo minoritario en
el cual no pesan todas las circunstancias que  inducen a la prostitución en la inmensa
mayoría de los casos

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